La economía productiva alicantina tiene dos características innegables: la diversidad de sus sectores productivos y la estructura pequeña y mediana de sus empresas. La diversidad se concreta en nombres de nuestra geografía que se incorporan como marcas de calidad identificando Alicante en la talla de nuestras fronteras. El calzado de Elche, el de señora y de calidad de Elda, el de niños y jóvenes en Villena; los juguetes de Ibi y Onil; el textil de Alcoy y la montaña, el mueble de calidad, las alfombras de Crevillente, el mármol de Novelda… hasta en las canciones, el turrón de Jijona. Todos ellos van unidos, además, a la idiosincrasia de sus gentes: son específicos, irrepetibles, entrañables e internacionales.
Mas los problemas como pequeñas y medianas empresas son comunes a todos ellos. Todos tienen que pagar un Impuesto de Sociedades que está entre los más altos de Europa, el 35%, frente a los nuevos países europeos, cuya media es del 20%. Todos ellos tienen trabajadores de primer empleo, o con contrato de prácticas y formación, que constituyen parte de los siete millones de mileuristas (aquellos que ganan mil euros o menos al mes) y que tienen que efectuar unas retenciones de Hacienda. Muchos de ellos son empresarios autónomos, para lo que trabajan el matrimonio, los hijos, la cuñada o el sobrino, que no tienen Seguro de Desempleo, ni tampoco asegurada la jubilación. Para todos ellos tiene soluciones el Partido Popular. Han sido la base de nuestro crecimiento con el modelo que puso en marcha Rato. Por eso merecen ahora que se les devuelva la confianza frente a la crisis y merecen un Gobierno que solucione sus problemas como ha ofrecido Mariano Rajoy.





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