Soraya

Tiene la mirada fiable, expresiva de su sí, sus dudas o su no. Es transparente. Sabe callar, pero no mentir, porque no lo necesita. Porque tras ella guarda y aplica la mente bien ordenada de una abogada del Estado, premio extraordinario Fin de Carrera. Tiene confianza en si misma y la desconfianza justa de aquellos que han tenido que ganárselo todo sin que nadie les haya regalado nada. No ha perdido en Madrid la frescura irónica de los que llegan de provincias. Es dura para negociar hasta la última migaja, porque sabe lo que cuesta una hogaza de pan.

Resulta un topicazo creer que es la niña de Rajoy. Cuando mi paisano Zaplana, tan aficionado a Julio Iglesias, se dio cuenta, ya había pasado “de niña a mujer”. Ellos creen que “le faltan tres hervores”; no es verdad, le faltaba uno, y le han dado tres en la última semana.

Hay quien piensa que se equivocó en su primera decisión- la primera bancada del grupo parlamentario popular- porque los hay más experimentados y brillantes. Tienen razón, unos y otros. La renovación necesaria no debe prescindir de los “cráneos privilegiados” ni de los “picos de oro”. Los liderazgos fuertes – no por la fuerza- deben afianzarse sobre las desconfianzas de los mejores rivales, no asentarse sobre las grandes confianzas de los mediocres. Para ganar hay que arriesgar, y al que vegeta lo siegan.

Llevo trabajando con Soraya Sáenz de Santamaría cuatro años. Es lo mejor que me ha pasado en política desde que conocí – y lloré- a Loyola de Palacio. Mariano ha apostado por ella. Yo también; le he cedido incluso a Julieta, que ha gastado conmigo sus segundos quince mejores años. Ahora les toca hacer la carrera con sus propios zapatos, y demostrar que tenemos razón quienes sabemos dar paso.

He dejado en la refundación del PP media vida, y en defenderlo voy a dejar otro tanto. Ahora comienza la segunda refundación. ¡Que se vayan preparando los adversarios… porque se van a enterar!

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