Archivo de Mayo, 2008

El hombre que sabía demasiado

La súbita muerte del Magistrado del Tribunal Constitucional Roberto García Calvo, ha conmocionado al mundo jurídico y político en la última semana. No pretendo aquí hacer un obituario más de quien por su brillante trayectoria profesional, como fiscal y juez, ha merecido el reconocimiento de cuantos tuvieron el honor de conocerle, y aún de discrepar con él. Su prematura desaparición, a los 65 años, trasciende a los sentimientos necrológicos habituales para abrir una profunda sima en el Tribunal Constitucional, que tiene pendientes sentencias tan importantes como la que ha de resolver nuestro recurso contra el Estatuto catalán. García Calvo se había posicionado internamente en contra de este disparate constitucional y había sido, por ello, objeto en los últimos dos años de una irracional campaña que llevó a su recusación frustrada y a intentos mediáticos de presentarlo como un fanático facha capaz de amenazar a un conductor pistola en mano. Todo ello porque su posición era la que permitía formar una mayoría – de seis a cinco – contraria al tan debatido Estatuto. Al desaparecer García Calvo, la recomposición de fuerzas, ya igualadas, permitiría a la presidenta del tribunal del TC – a cuya prórroga también se opuso García Calvo -, ejercer el voto de calidad y decidir ante el eventual empate.

García Calvo murió hace una semana de un brutal ataque al corazón, cuando se encontraba solo en su casa de campo, redactando un voto particular. Tan fulminante crisis cardiaca tan sólo puede explicarse por el terrible sufrimiento acumulado por la campaña orquestada contra él en los últimos años. Por eso, adquiere especial relevancia el informe que acaba de publicar la revista Época y en el que se desvela que el más sórdido capítulo de esa campaña – la presunta amenaza con una pistola a un conductor – era un montaje en el que podría estar implicado el Centro Nacional de Inteligencia. El Gobierno tiene el deber de aclarar hasta el último detalle de este episodio para reestablecer la dignidad de García Calvo que es, en este caso, la dignidad del Estado.

Que veinte años no es nada

A mi amigo Pedro le gusta cantar. Desde que le conozco siempre ha saludado o despedido nuestros encuentros con algún estribillo, casi siempre de habaneras. A mi amigo Pedro le dormían de niño con el arrullo del mar, es decir, cantándole habaneras; se le abrieron los ojos con el reflejo del sol de Torrevieja sobre la mar tranquila y se le fueron los primero anhelos tras los surcos de espuma azul que abrían en el mar los barcos de sal.

Cuando conocí a Pedro Hernández Mateo ya era mozo, y conocía cada rincón de Torrevieja, cada recodo de sus calas; los conocía y los quería. Como a Pedro en su pueblo: Todo el mundo le conocía y le quería.

Por eso fue alcalde por primera vez hace veinte años con el apoyo de muchos que no eran de su partido. Y se instaló luego en sucesivas mayorías absolutas hasta hoy. Pedro hizo realidad, año tras año, la Torrevieja que había soñado.

En estos veinte años Torrevieja ha cambiado mucho, es verdad. Ha multiplicado por cinco su población, ha cambiado su fisonomía pero no su idiosincrasia. Pedro también. La diferencia entre nuestros recuerdos y nuestros sueños pasa por la vida real, por nuestro yo presente, que le da continuidad a la vida misma. En Torrevieja han cambiado el puerto, las calles, los accesos, las playas, las plazas, los servicios públicos… y hasta las calas. Pedro también. Ya no tiene la cintura con la que fue capaz de conseguir el apoyo hasta de sus rivales; pero lleva el cuerpo lleno de costurones de las heridas de los envidiosos. Ya no fuma dos paquetes de rubio cada día, y ha endurecido el gesto; pero tiene la misma fortaleza.

Dentro de cincuenta años, cuando ya no estemos aquí casi ninguno, Pedro tendrá la mejor plaza o calle de Torrevieja con su nombre concedido por unanimidad de la corporación municipal. Volverá a conseguir la unanimidad pero, para entonces, Pedro ya estará con Ricardo Lafuente cantando habaneras al otro lado mar.

Las primarias

Las primarias ya forman parte del elenco de palabras mágicas cuya sola invocación equivale a democracia real, transparencia y regeneración.

Las primarias son en realidad la fórmula aun sin definir pero anunciada por un grupo de compromisarios de Madrid para el próximo Congreso del PP, en la que defienden que el candidato a la presidencia del Gobierno por el Partido Popular se elija en un proceso electoral interno y nacional en el que participen todos los militantes ( en este momento 700.000). En defensa de esta fórmula se aduce que reforzaría el respaldo interno y externo del candidato, abriría una puerta a la regeneración de los partidos en España y no haría más que trasladar lo que funciona con éxito en otros modelos comparados como USA.

No hay que olvidar, sin embargo, que este último es un modelo presidencialista: el Presidente de los EEUU tiene elección propia, distinta de las Cámaras, mandato fijo, poderes propios y una dinámica política para las primaria que se mueve en unos plazos predeterminados y previsibles. El proceso de primarias es un proceso nacional de elección de compromisarios de ambos partidos en el ultimo año del mandato presidencial, de forma que republicanos y demócratas son más maquinarias electorales del candidato que partidos en el sentido europeo.

En el sistema parlamentario, como el nuestro, los tiempos políticos vienen impuestos por el mandato del parlamentario- legislatura- , de cuya mayoría se extrae al presidente, y con una dinámica propia de la relación entre ambos poderes en función de la confianza o desconfianza. Por eso, en el modelo puro británico, al candidato de cada partido lo elige el correspondiente grupo parlamentario de los Comunes.

En consecuencia, es muy difícil- no digo imposible- un líder de partido, candidato alternativo a un presidente de Gobierno que se mide semana a semana en el Parlamento, fuera del Parlamento. Es más que difícil conciliar el calendario de unas primarias presidencialistas en la oposición con el calendario de la Cámara fijada por la mayoría. Y es imposible la dualidad o bicefalia entre el candidato elegido en unas primaria y un responsable de partido distinto de el.

El ejemplo de Borrell en el PSOE es suficientemente expresivo de esa mistificación. Fue el fruto brillante y temprano de unas primarias, que frustró luego su propio partido. Y eso que Borrell si era diputado… En todo caso, los militantes del distrito de Salamanca, tienen todo el derecho a abrir este debate y a presentar su enmienda. Son el distrito más numeroso del partido ( más de 5000 militantes) el más activo siempre en las enmiendas a los estatutos, y el de mejores resultados en la ciudad de Madrid. Su lealtad, ganen o pierdan en los congresos, es incuestionable. El problema es saber si, además, tienen toda la razón o no.

La magia de las palabras

En el gran circo mediático-parlamentario Zapatero no se limita a los trucos espectaculares; él también escribe el guión, dirige la escena y presenta el programa al público con la magia de las palabras.

Se trata de pulirlas, quitarles aristas, edulcorarlas, hacerlas digeribles. Así, la crisis económica es “desaceleración”; los trasvases: “cañerías de emergencia para necesidades de boca”; a la homosexualidad: “opción de género”; a la aceptación del chantaje y pago a los piratas: “diplomacia”; a la malversación de caudales públicos: “reforma de bajantes”; a la confederación con Cataluña: “España plural”; a los cómplices de los terroristas: “hombres de paz”, y a la nueva versión de la Formación del Espíritu Nacional: “Educación para la Ciudadanía”.

“El manual de estilo” se impone además como verdad absoluta o “políticamente correcto”, de manera que la oposición, cuando cumple con su deber, es intolerante y antidemocrática.

Hace ya medio siglo que H. Maeder estudió el lenguaje en el estado totalitario, detectando los mismos resortes en los políticos del Tercer Reich que en los dirigentes comunistas. A los rasgos hasta aquí analizados, se unían a ese estudio: propagandismo triunfalista (Gobierno de España); desmedida pretensión científica (Ay Soria, con los morfotipos); consignas mágicas (Alianza de Civilizaciones); tensión agitadora (crispación, demonización del adversario); formulismo partidista (si tú no vas, ellos vuelven).

¿Y del puente qué? Caravanas de seis y siete horas, desaceleración al fin y al cabo.