En el gran circo mediático-parlamentario Zapatero no se limita a los trucos espectaculares; él también escribe el guión, dirige la escena y presenta el programa al público con la magia de las palabras.
Se trata de pulirlas, quitarles aristas, edulcorarlas, hacerlas digeribles. Así, la crisis económica es “desaceleración”; los trasvases: “cañerías de emergencia para necesidades de boca”; a la homosexualidad: “opción de género”; a la aceptación del chantaje y pago a los piratas: “diplomacia”; a la malversación de caudales públicos: “reforma de bajantes”; a la confederación con Cataluña: “España plural”; a los cómplices de los terroristas: “hombres de paz”, y a la nueva versión de la Formación del Espíritu Nacional: “Educación para la Ciudadanía”.
“El manual de estilo” se impone además como verdad absoluta o “políticamente correcto”, de manera que la oposición, cuando cumple con su deber, es intolerante y antidemocrática.
Hace ya medio siglo que H. Maeder estudió el lenguaje en el estado totalitario, detectando los mismos resortes en los políticos del Tercer Reich que en los dirigentes comunistas. A los rasgos hasta aquí analizados, se unían a ese estudio: propagandismo triunfalista (Gobierno de España); desmedida pretensión científica (Ay Soria, con los morfotipos); consignas mágicas (Alianza de Civilizaciones); tensión agitadora (crispación, demonización del adversario); formulismo partidista (si tú no vas, ellos vuelven).
¿Y del puente qué? Caravanas de seis y siete horas, desaceleración al fin y al cabo.





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