Las primarias

Las primarias ya forman parte del elenco de palabras mágicas cuya sola invocación equivale a democracia real, transparencia y regeneración.

Las primarias son en realidad la fórmula aun sin definir pero anunciada por un grupo de compromisarios de Madrid para el próximo Congreso del PP, en la que defienden que el candidato a la presidencia del Gobierno por el Partido Popular se elija en un proceso electoral interno y nacional en el que participen todos los militantes ( en este momento 700.000). En defensa de esta fórmula se aduce que reforzaría el respaldo interno y externo del candidato, abriría una puerta a la regeneración de los partidos en España y no haría más que trasladar lo que funciona con éxito en otros modelos comparados como USA.

No hay que olvidar, sin embargo, que este último es un modelo presidencialista: el Presidente de los EEUU tiene elección propia, distinta de las Cámaras, mandato fijo, poderes propios y una dinámica política para las primaria que se mueve en unos plazos predeterminados y previsibles. El proceso de primarias es un proceso nacional de elección de compromisarios de ambos partidos en el ultimo año del mandato presidencial, de forma que republicanos y demócratas son más maquinarias electorales del candidato que partidos en el sentido europeo.

En el sistema parlamentario, como el nuestro, los tiempos políticos vienen impuestos por el mandato del parlamentario- legislatura- , de cuya mayoría se extrae al presidente, y con una dinámica propia de la relación entre ambos poderes en función de la confianza o desconfianza. Por eso, en el modelo puro británico, al candidato de cada partido lo elige el correspondiente grupo parlamentario de los Comunes.

En consecuencia, es muy difícil- no digo imposible- un líder de partido, candidato alternativo a un presidente de Gobierno que se mide semana a semana en el Parlamento, fuera del Parlamento. Es más que difícil conciliar el calendario de unas primarias presidencialistas en la oposición con el calendario de la Cámara fijada por la mayoría. Y es imposible la dualidad o bicefalia entre el candidato elegido en unas primaria y un responsable de partido distinto de el.

El ejemplo de Borrell en el PSOE es suficientemente expresivo de esa mistificación. Fue el fruto brillante y temprano de unas primarias, que frustró luego su propio partido. Y eso que Borrell si era diputado… En todo caso, los militantes del distrito de Salamanca, tienen todo el derecho a abrir este debate y a presentar su enmienda. Son el distrito más numeroso del partido ( más de 5000 militantes) el más activo siempre en las enmiendas a los estatutos, y el de mejores resultados en la ciudad de Madrid. Su lealtad, ganen o pierdan en los congresos, es incuestionable. El problema es saber si, además, tienen toda la razón o no.

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