Archivo de Junio, 2008

Fin de ciclo

Si algo hay lamentable en el cumplimiento de las profecías es el inevitable comentario: “teníamos razón”. Así que, tengo que pedirles disculpas por tener razón al anunciar desde comienzo de año una profunda crisis económica y ver cumplida la pasada semana, de forma espectacular y trágica, la predicción.

En efecto, a quienes la crisis aún no les hubiera afectado - en la bolsa de la compra, en su puesto de trabajo, en la financiación de su empresa, en la comercialización de sus productos – les habrán resultado suficientemente ilustrativas las imágenes de la pasada semana sobre la huelga de transportes, el paro de la flota pesquera, la queja de los agricultores y el desabastecimiento de los mercados. Sólo dos extraterrestres se resisten a reconocer la realidad de la crisis: el tándem Zapatero-Solbes. Este último incluso se atreve a calificar la que llama “desaceleración” como “coyuntural”, eso sí, con el mismo tono profesoral con que dejó la economía española en el 96, suspendida en todos los parámetros necesarios para estar en la Europa de primera necesidad, a la que este abogado, que no economista, de Pinoso había renunciado.

A algunos nos llamaron catastrofistas cuando predijimos una situación de estaflacción para este año: inflación y falta de crecimiento al mismo tiempo. Hoy no sólo estamos muy cerca de ese punto, sino que los síntomas a los que apunta esta crisis son de una profundidad sin precedentes en el ciclo virtuoso que se había instalado en la economía mundial desde la superación de la crisis del petróleo a finales de los 70. Ahora no se trata sólo de los carburantes, sino también de la reestructuración de los mercados de materias primas, por consecuencia de la nueva dimensión de la globalización, que no sólo supone ya a empresas multinacionales de ese carácter, sino terceros países emergentes que son, al tiempo, productores más baratos y crecientes consumidores de su propio producto. Un cambio en la estructura del mercado mundial, en el que Europa tiene que encontrar su propio sitio. ¡Y nosotros con estos pelos e Irlanda todavía con acné juvenil!

La profecía

Una de las lecciones de las civilizaciones antiguas y confirmada como constante en los poderes despóticos es la confrontación entre la verdad real anunciada por profetas y filósofos y el empeño oficial en negar las evidencias hasta caer en el ridículo. Así ocurre hoy otra vez, entre nosotros, con la actitud del gobierno ZP ante la crisis económica.

Anunciada por los economistas más serios hace un año, ratificada por todos los datos e índices desde entonces, denunciada por el PP en campaña electoral y, sobre todo, sufrida por los españoles de manera más intensa cuanto peor es su situación, ZP no sólo sigue negando la realidad, sino que se permite dar lecciones de política fiscal y monetaria al gobernador del banco europeo, Messié Trichet, sabio oficial de la conversión del franco al euro, único franco convertido a la europeidad desde los tiempos de Clodoveo. A Trichet le habría dado un ataque de risa, si sonriera alguna vez, pero lo he tenido sentado varios días a mi lado en un seminario internacional y no le vi sonreír ni en los almuerzos.

Y es que la cosa no está para guasas: más de dos mil españoles van cada día al paro, los empresarios no encuentran financiación ni para comprar, ni para vender, ni para seguir; por la bolsa de la compra, que le pregunten al ama de casa o por el precio de los combustibles a los agricultores, a los pescadores o a los transportistas. Eso sí, Zapatero en otra lección magistral, lo explicó como el maestro Ciruelo: “los precios suben porque sube la inflación”.

Mientras tanto, Rajoy, como un nuevo Bautista, predica en el desierto, ¡y aún alguno le quiere también cortar la cabeza! Una vez más, no hay nada nuevo bajo el sol.