La profecía

Una de las lecciones de las civilizaciones antiguas y confirmada como constante en los poderes despóticos es la confrontación entre la verdad real anunciada por profetas y filósofos y el empeño oficial en negar las evidencias hasta caer en el ridículo. Así ocurre hoy otra vez, entre nosotros, con la actitud del gobierno ZP ante la crisis económica.

Anunciada por los economistas más serios hace un año, ratificada por todos los datos e índices desde entonces, denunciada por el PP en campaña electoral y, sobre todo, sufrida por los españoles de manera más intensa cuanto peor es su situación, ZP no sólo sigue negando la realidad, sino que se permite dar lecciones de política fiscal y monetaria al gobernador del banco europeo, Messié Trichet, sabio oficial de la conversión del franco al euro, único franco convertido a la europeidad desde los tiempos de Clodoveo. A Trichet le habría dado un ataque de risa, si sonriera alguna vez, pero lo he tenido sentado varios días a mi lado en un seminario internacional y no le vi sonreír ni en los almuerzos.

Y es que la cosa no está para guasas: más de dos mil españoles van cada día al paro, los empresarios no encuentran financiación ni para comprar, ni para vender, ni para seguir; por la bolsa de la compra, que le pregunten al ama de casa o por el precio de los combustibles a los agricultores, a los pescadores o a los transportistas. Eso sí, Zapatero en otra lección magistral, lo explicó como el maestro Ciruelo: “los precios suben porque sube la inflación”.

Mientras tanto, Rajoy, como un nuevo Bautista, predica en el desierto, ¡y aún alguno le quiere también cortar la cabeza! Una vez más, no hay nada nuevo bajo el sol.

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